“Shamrock”: reír sin parar en una historia de inmigración irlandesa.
La original pieza de Brenda Howlin, que se presenta los viernes en Beckett Teatro, recorre a través del humor las historias de cuatro inmigrantes en la Buenos Aires de 1900.
Beckett Teatro, Guardia Vieja 3556, los viernes a las 23
Reír a mandíbula batiente, soltar la carcajada, partirse de hilaridad: cosas que no suceden habitualmente en el teatro alternativo, donde son raras las comedias de verdad desopilantes. Y, albricias, que sí ocurren en la muy divertida Shamrock, de Brenda Howlin, autora de otras dos recordables obras sobre las penas y alegrías del amor tomadas en solfa: Jessi, Jenny & John, 2010; Wake Up, Susan, 2013. Howlin hace aquí una propuesta temática novedosa en la escena local al referirse a la llegada a la Argentina de los inmigrantes irlandeses en 1900. Una diáspora que había comenzado a mediados del siglo XIX, cuando arrancó en aquel país la terrible hambruna por causa de la plaga roya que atacó a la papa, principal alimento de la población, diezmada por desnutrición y epidemias. El título de este estreno alude al trébol de cuatro hojas, símbolo de Irlanda, instalado vía San Patricio quien, según la leyenda, trató de explicar con una hojita triple de esa humilde planta el misterio de la Santísima Trinidad.
Brenda Howlin, muy bien respaldada por el director Nano Zyssholtz, los/as intérpretes y el equipo técnico, encara felizmente este género, siempre menos prestigioso que el drama o la tragedia. Una injusticia, porque la buena comedia puede proporcionar profundidad mientras le toma el pelo a contradicciones y paradojas, transgrede tabúes, subvierte toda forma de solemnidad generando una risa inteligente, significante. Así, la comedia puede despabilar la lucidez del público, inducirlo a tomar distancia, a desdramatizar: una manera de ver el mundo y de ayudar a soportarlo mejor. Por otra parte, se sabe hace miles de años, la risa es propia de los seres humanos, mujeres y varones (los animales, algunos, solo lloran, aunque hay quien asegura que los gatos tienen sentido del humor). Y aparte del placer indiscutible que provoca, la risa tiene efectos terapéuticos muy apropiados para los tiempos que corren: pone en juego el cuerpo y el espíritu, produce endorfinas, es un ansiolítico sin efectos secundarios negativos, oxigena el cerebro, descontractura…